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lunes, 5 de enero de 2015

LOS PELIGROS DEL IRIMI NAGE

Según los estudios realizados en torno a esta técnica se ha podido constatar que  ejecutar Irimi nage obligando a girar  bruscamente la cabeza hacia un lado, o empujando bajo la barbilla hacia arriba y hacia atrás con la palma de la mano, entraña serios  peligros para las vértebras cervicales, el bulbo raquídeo y el equilibrio del cuerpo dependiente del laberinto del oído medio.

El riesgo se produce debido a las alteraciones que se producen en la médula espinal, dado que el líquido céfalo-raquídeo que protege el cerebro y la médula espinal circula desde el plexo coroidal hacia abajo, por el canal raquídeo hasta el nivel lumbo-sacro en circuito cerrado de ida y vuelta.

Los efectos de estos microtraumatismos repetidos pueden producir alteraciones neurovegetativas como acúfenos, fosfenos, vértigos, síndromes  cerebelosos invalidantes, pérdida de reflejos físicos y psíquicos.


Aplicar Irimi nage de forma brusca y enérgica es señal de desconocimiento de la fragilidad de los elementos anatómicos citados y de falta de autocontrol, o de técnica que se pretende compensar mediante el empleo exagerado de la fuerza sobre la cabeza, el mentón o el cuello.

En la práctica de Irimi nage  se procurará evitar toda solicitación brusca que  produzca un giro o flexión-extensión lateral, o una extensión anteroposterior del cuello llevando la cabeza hacia atrás, para no exponerse al riesgo de microtraumatismos  o desgaste de las vértebras cervicales de nefastas consecuencias.

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