¿Es realmente provechoso entrenar Aikido tal como se hacía
hace cincuenta años?
La práctica estereotipada un ataque, una defensa conocidas
ambas acciones de antemano, ¿no resulta aburrida y monótona, cuando ya se han
dedicado varios años a repetirla en clases, y cursillos…?
El entrenamiento exclusivamente técnico, ¿realmente es capaz
de transformar y mejorar la personalidad
del aikidoka?
¿No resulta bastante pobre asistir a los Stages o
cursillos de los grandes maestros actuales, y constatar que aparte de su gran
habilidad técnica, solo aportan detalles referentes a la construcción
secuencial de las técnicas, con escasa o
nula aportación en lo que toca a la formación integral (mental, psicológica,
ética, etc.)?
En el ámbito nacional e internacional del Aikido, llama la
atención la gran cantidad de cursos que se anuncian en todas partes, para todos los meses del año, y abiertos a todos
los niveles…¿En que nivel desempeñará el maestro de turno sus propuestas para
que las puedan realizar los “Kyus”, y no defrauden a los “Dan”?

Sería lamentable que después de haber dedicado muchos
años a los entrenamientos de Aikido
abandonásemos este camino un tanto frustrados por no haber encontrado aquello
que nos motivó a iniciarlo.
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