
Pero
las guerras continuas entre clanes, les mostraron crudamente que la violencia no
resuelve nunca definitivamente los conflictos, y comprendieron que las armas y
las estrategias de combate podían tener otro significado más humano,
inteligente y provechoso.
Así
la misma habilidad que adquirían para vencer al adversario, podía convertirse
en la habilidad para no dar lugar al combate, o para detenerlo sin graves
consecuencias para ninguno de los contendientes. De este modo nacía el concepto
de “detener la lanza”, la del adversario y la propia, encaminado a descubrir otros métodos de entendimiento
pacíficos.
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